Escritorio / 29 Agosto 2010

Escritorio: Días

Yo estoy cien por ciento dentro del grupo de los que le ponen onda a la casa. ¿Qué digo onda? La palabra es AMOR. Hago planes para ponerla linda y casi siempre los llevo a cabo, me esfuerzo por solucionar conflictos cuando los hay, y hasta pienso en ella cuando no estoy allí.

Pero esto no pasa siempre. Hay días de amor y hay días de los otros.

Hoy me levanté y mi casa presenta las siguientes imágenes:

El silloncito de la habitación, ése que estuvo esperando tanto tiempo la llegada del tapizado perfecto, está sepultado bajo una montaña de ropa sucia. Intento despejarlo y a medida que salen las prendas voy haciendo la cuenta para atrás de la semana que pasó. Viernes – jueves – miércoles a la noche – miércoles – martes – lunes.

Un juego de vasos que me conquistó en una caminata por Once, unos que tienen florcitas y circulitos, se multiplican usados en la pileta de la cocina. ¿Cuántas personas estuvieron en mi casa durante la semana? Yo y uno más ¿¡Cómo puedo haber usado TODOS los vasos!? Incluso los cachados, que ya debería haber tirado.

Ahhh… ¡Mis plantas! Preciosas en sus macetitas de colores perfectamente combinadas con la especie que contienen. Y ahí están, rogándome que les dé un poco de agua. Y yo… me hago la boluda. Tampoco es que hace tanto calor, che.

Bueno, tengo dos opciones: Prender el equipo de música y tratar de ponerle onda a la ordenada profunda, o agarrar mi saquito, las llaves e irme a pasar el día fuera de este caos.

Chau, me fui.

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