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Selección de cuentos, poesías y escritos de diversos autores en los que la casa configura lo que sucede, como en la vida. Curados por Valentina Varas.

Sobre mudanzas, libros y un vuelo semivacío adonde lleva el destino

La decisión de dejar Nueva York para volver a vivir en la Argentina, y qué dejar atrás en un camino de ida Un porteño charlatán y entrador intentaba seducirme desde el otro lado de la línea. “Yo llevé y traje cajas para Leo Messi”, me decía. “Trabajé con todo el mundo, me conocen todos.” El porteño llevaba 35 años en Nueva Jersey y tenía un contenedor estacionado en la puerta de su casa, que iba llenando con las cajas de sus clientes y después mandaba por barco a Buenos Aires, donde él mismo las sacaba de la Aduana. “Conmigo no vas a tener ningún problema -decía, misteriosamente-. Lo hacemos como vos quieras.” Pero yo seguía indeciso. Después de diez años en Nueva York habíamos decidido con mi mujer mudarnos a Buenos Aires y ahora me encontraba con que mudarse de un continente a otro era un programa mucho más arduo de lo previsto. Habíamos tomado el salto más como una aventura que como una decisión planificada, como si el entusiasmo y la determinación fueran suficientes …

Unas vacaciones en Brasil

“Una vez más tuvimos que mudarnos. Era un primer piso oscuro, a la calle, en Gallo y Charcas, pero tenía cuatro dormitorios y un patio. Mi cuarto era para mí sola y tenía un empapelado de pájaros en tonos rosas y salmón con el alcochado haciendo juego. Me parecía lo máximo. “

Ruinas

Deme 2: “Una nueva vida en una casa sin terminar o en ruinas…”, de Antolín + “Mientras estuve con ella”, de Silvina Giaganti

Nada bueno puede salir de ese horno

“Trent vivía en la mansión que alguna vez había sido la de Roman Polanski. La casa de Beverly Hills, California, donde murió apuñalada Sharon Tate; por la que Charles Manson pasó a la fama. Nada bueno puede salir de ese horno, le advirtió la madre.”

Arroyo Espera

“Con ella vinimos dos veces a esta casa que encontró por internet. Un living de revista con sillones cómodos y ventanales con vista al verde. Una cocina enorme con mesadas de madera y un baño blanco decorado con posters de películas. Todavía están ahí, sí, pero ya ni los miro. “