Vale todo / 13 febrero 2017

Nacho / Sauna en casa

“No quería que se transformara en un juntadero de basura, eso también les pasa a los espacios cuando no tienen una función definida.”

PH cinco estrellas

Durante un poco más de 3 años, cuando trabajaba en consultoría, Nacho vivió prácticamente en hoteles. Casi siempre le tocaba hospedarse en grandes cadenas que tenían sauna y, cuando no había nada para hacer, aprovechaba. En realidad, la tradición empezó antes: su padre era un fanático del sauna seco y le enseñó las bondades de afeitarse ahí.

Cuando Nacho compró el PH de 70 años de antigüedad en el que vive ahora, vio un ‘agujero’ y lo convirtió en una oportunidad. “De un piso al otro hay un gran descanso, que es casi un cuarto, pero no llega a serlo: mide 6 metros por 2, aproximadamente. Me puse a pensar qué podía hacer. No quería que se transformara en un juntadero de basura, eso también les pasa a los espacios cuando no tienen una función definida. Las casas se van haciendo con la vida de uno. No sé por qué pensé en un sauna, no puedo explicar el momento en el cual mi cerebro hizo esa conexión, pero de golpe dije ‘bueno, voy a probar’ y me puse a googlear.”

Cómodas cuotas, incómodas escaleras

Nacho empezó a averiguar y el primer presupuesto que le pasaron era ridículo, pero no se desalentó, siguió buscando y dio con un tipo que le cotizó una cuarta parte y le ofreció pagar un adelanto del 25% y el resto con 8 cheques. Cuando te ofrecen hacer cosas en cuotas todo es mucho más liviano, no lo pensé mucho. Germán, el dueño de la empresa de saunas, vino una vez a medir y a la segunda visita llegó con todos los paneles de madera listos. El tema fue meterlos. Eso sí fue una odisea, porque uno de los paneles es de 2 metros de ancho por 2 metros de alto y no daban los ángulos para subirlo por la escalera. Estuvimos como una hora para meter las piezas del sauna por la terraza del PH y dos horas para que lo armara, eso fue lo más fácil.”

Modo sauna es el nuevo modo avión

Adentro, el sauna tiene una tapa que se reclina y se transforma en una reposera, donde Nacho se acuesta a leer a 85 grados de temperatura al menos una vez por semana. Deja el teléfono afuera en modo silencioso, es una forma de desconectarse un rato. “Si no tuviera el sauna, seguramente me tiraría a leer en el sillón del living o en la cama. Cuando descubrí que podía meter papel ahí adentro me cambió la vida.”

Según cuenta Nacho, el sauna tiene muchas más ventajas que desventajas: “Si voy al sauna antes de irme a dormir, duermo como un adoquín. Muchos creen que la magia sucede ahí adentro, pero es al revés: es lo que te pasa cuando salís.”

Las únicas contras son que tarda 20 minutos en calentarse y que consume mucha electricidad. Nacho no hizo números pero estima que el sauna debe explicar un tercio o por lo menos el 20% de su factura de luz.

Moda silenciosa

Germán abrió su empresa de saunas hace 5 años y ya lleva instalados más de 100. Si bien este número incluye hoteles, gimnasios y spas, asegura que cada vez más gente quiere tener su propio sauna, como ya sucede hace bastante con los aparatos de gimnasia. El mantenimiento es prácticamente nulo y el costo se amortiza rápido, sobre todo si incluís en la ecuación que ya no tenés que ver a otros en paños menores.

Para ingeniosos e inquilinos

Cuando le preguntamos a Germán cuál era la instalación más graciosa o estrafalaria que hizo, nos contó que hace un tiempo instaló un sauna de 1 metro por 1 metro en un placard. “Se ve que era el lugarcito que le dejó la señora.”

Además de ser adaptables a cualquier tamaño, como los paneles vienen separados y se montan in situ, los saunas también son desmontables. Esto los convierte en el agregado ideal para inquilinos: no dejan marcas, se desarman y se pueden trasladar e instalar nuevamente en una nueva locación.

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publicado en Vale todo


Vivir creativamente, jugar con la casa como vehículo. Y acá también lo hacemos, presentando cada caso con un formato diferente.

por Valentina Varas

Valentina nació en Buenos Aires en 1991. Es celíaca y nieta de panaderos. Estudió Marketing, escribe poesía (La velocidad de una fiesta. 2016, Pánico el pánico), duerme poco, saca fotos, hace collages e investigaciones y otras cien cosas más.